He besado a tantos hombres que apenas puedo llevar la cuenta de ellos. Pero puedo recordar su contacto. Labios árperos de marineros, labios dulces de poetas, besos rudos, besos suaves, besos peludos por la barba que les cubre a algunos. Los de las mujeres sí me resultan difusos por su similitud. Suelen ser suaves y blandos, a veces húmedos, otras molestos y artificiales cuando los ocultan bajo capas de carmín. Los de los niños son especialmente duros. Sus besos son tan puros e inocentes que duele arrancárselos. Pero mi trabajo es así: cruel, desagradable y odioso.
Pero hubo un beso, ese beso que jamás olvidaré y que nunca ningún otro podrá borrar ni superar, aquel beso fue el más doloroso de cuantos he dado. Y todo por romper mi única regla: "no debes sentir, no debes amar".
Los humanos siempre me han resultado fascinantes, pero aquel muchacho me atrajo de manera insuperable desde el momento en que nació. No sé qué era, si sus ojos color miel, su pelo dorado y suave como el hilo de oro, su aura vivaz y pura o su sonrisa lumínica. Entre beso y beso a extraños le vi crecer, aprender y vivir. Cuando comenzó a escribir y cantar me enamoré de su poesía mientras perseguía en la seguridad de la oscuridad y las sombras cada uno de sus movimientos, cada cambio, cada experiencia. Mi trabajo se volvió tedioso y mi único anhelo era acabar mis tareas rápido para poder seguir su día a día un poco más.
Con el paso de cada estación surgieron en mi ser nuevas preguntas: ¿cómo se sentiría el contacto con su piel? ¿sus labios? Me descubrí a mí misma odiando a cada hombre, mujer y niño capaces de sentirlo, tocarlo, besarlo y amarlo. Y, poco a poco, otra pegunta más atroz nació en mi mente, ¿qué iba a hacer yo cuando llegase el momento de besarlo? En mi interior se formó un debate interno entre mi deseo de sentir su boca y el miedo por saber que llegaría el momento en que debería hacerlo.
El paso de los años hizo que aquel temor se intensificase. Con cada nueva cana en su cabello, con cada arruga en su piel tostada por el sol se aproximaba mi miedo cada vez más y más. Y llegó el día que tanto temía. Cuando escuché con su voz áspera por la edad pero tan melódica y armoniosa como lo era en sus años jóvenes la última de sus composiciones comprendí que había llegado la hora. Aquella canción hablaba de mí, de mi llegada, de mi beso, y de su último adiós a la vida. Y lloré mientras posaba mis labios sobre los suyos y robaba su último aliento.
Ese beso, aquel beso dulce como la miel a pesar de las arrugas que cubrían sus labios, fue el beso que más me ha dolido robar. Desde entonces, cada beso me sabe agrio, amargo en comparación a aquel efímero instante que siempre llevaré marcado en mis labios.
Aquel inocente y puro poeta es, y será siempre, el único hombre que consiguió enamorar a la muerte.
Puedes dejar tus comentarios en el apartado "buzón de sugerencias"
Y si tienes twitter, Gmail o Yahoo, únete a nuestro mundo.
¡Y no te olvides de disfrutar de mi blog!
¡Y no te olvides de disfrutar de mi blog!
Mostrando entradas con la etiqueta Mis producciones. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Mis producciones. Mostrar todas las entradas
miércoles, 14 de febrero de 2018
Beso
martes, 31 de octubre de 2017
#EspecialHalloween: Una pequeña historia de fantasmas
Según la pokédex, los Lampent se alimentan de almas de las personas que están a punto de fallecer, así que rondan en los lugares como hospitales y residencias. La gente los teme porque son señal de que algo anda mal, pero para los entrenadores es un pokémon tan interesante como cualquier otro.
Hará ya medio año que comencé mi aventura pokémon acompañada de mi amigo Russel. Al principio no estaba convencida de que la vida de entrenador fuese para mí, pero a lo largo de este viaje, y con la ayuda de mi compañero, he ido aprendiendo a conocer y querer a estas criaturas mágicas y llenas de secretos. Desde entonces siempre he estado intentando mejorar y aprender más y más.
Hablando de Russel... él es casi un experto en pokémon. Casi todo lo que sé me lo ha enseñado él. Ha viajado por un montón de regiones que yo apenas sería capaz de localizar en el mapa. Ha luchado con tanta gente, visto tantos pokémon y conocido tantos lugares que a menudo me siento eclipsada por él. Por mucho que intente superarle siempre me lleva diez pasos por delante.
-Uhm... ¿Sabes me gustan los Chandelure Shiny? -dijo Russel sin motivo aparente.
-¿Eh? ¿En serio? -exclamé, sorprendida, levantando la mirada del bocadillo que tenía entre mis dedos.
-Sí, son preciosos en ese tono anaranjado... -me sonrió él.
Se me pusieron las mejillas rojas y esbocé una sonrisa. Russel siempre iba un paso por delante de mí, y aunque diese mi mejor esfuerzo para superarlo no había forma alguna de lograrlo. Era mejor que yo entrenando y criando, siempre me ganaba en todos los combates y atrapaba a todos los pokémon antes que yo. Pero tal ver por una vez en la vida yo tendría la oportunidad de sorprenderlo. Tal vez si lograba encontrar un Chandelure shiny y regalárselo conseguiría que él me alagase y, por una vez, sentirme a su mismo nivel.
Cuando terminamos de comer, Russel dijo que quería entrenar un rato a sus pokémon, y yo me excusé de ir con él diciendo que tenía que comprar un par de cosas. En cuanto se perdió de mi vista, agarré mi bolsa y salí corriendo a toda prisa. Al parecer, por lo que les había oído decir a unos chicos en el Centro Pokémon, había unas ruinas algo más lejos de donde me encontraba que estaba plagada de pokémon fantasma. Parecía un buen sitio para empezar a buscar.
Las ruinas resultaron pertenecer a un antiguo hospital abandonado a las afueras de la cuidad, cuando construyeron uno nuevo en el centro. La verdad, se me pusieron los pelos de punta al entrar. Me gustaban los pokémon fantasmas, pero otra cosa era entrar en un sitio plagado de ellos yo sola. Además, el sitio era aterrador, estaba plagado de camillas abandonadas, escombros a medio derruirse, viejos goteros doblados y oxidados, pasillos a oscuras, telarañas. y sonidos decrépitos. Las tablas del suelo crujían a mi paso, y estaba casi segura de que esa sombra que acababa de ver de reojo se acababa de mover. Tuve que obligarme a respirar hondo y centrarme. Salvo que, que un gastly atravesándome por la retaguardia no fue de ayuda. Eché a correr a toda pastilla.
Me encontré con un Lampent el segundo día. Al menos sabía que los había por la zona. Pero lo cierto es que encontrar uno shiny era prácticamente una locura. Las estadísticas iban en mi contra, a pesar de usar el pokeradar. Y con cada búsqueda infructuosa me desanimaba más y más. Russel lo notó, porque estando cenando en el Centro Pokémon donde nos estábamos resguardando por las noches me preguntó.
-¿Te pasa algo? Apenas estás pegando bocado.
-¿Eh? -levanté la mirada, sorprendida de que se percatase de ello-. Oh, no, nada.
-Por cierto... -me preguntó mientras mordisqueaba su bocadillo-. ¿Mañana vas a volver a escaquearte por ahí? Hace días que me voy solo a entrenar...
Me puse algo nerviosa.
-Ehm... Es que... Estoy intentando encontrar un objeto... y...
-¿En serio? ¿Cual? -presionó, no muy convencido.
-¡¿A-a ti qué más te da?! -protesté, molesta por la presión.
-¡Eh! No te pongas así, solo pretendía ayudarte...
-¡Cómo siempre! ¡Déjame hacer las cosas por mi cuenta! -exploté. Estaba cansada.
Me comí a desgana el bocadillo y me fui a la cama sin mediar palabra. Me molestaba, me molestaba muchísimo que no se diese cuenta de que yo también podía hacer cosas por mi cuenta, que yo también era capaz de hacer cosas por mí sola. Era molesto sentirse por debajo de él siempre. Quería que me reconociese, que viese que yo también podía luchar, ganar, conseguir un buen pokémon o un objeto interesante. Parecía que pensase que era una inútil y que no podía sola, que él tenía que hacérmelo todo siempre. Sabía que no lo hacía con mala intención, pero era realmente desesperante...
Al día siguiente madrugué para no tener que hablar con él y regresé a las ruinas. Seguía molesta, pero el enfado se había transformado en depresión. Y, sumado al cansancio de no lograr mi objetivo, mis ganas de buscar disminuían. ¿Qué tenía que pasar para que un litwick, lampent o chandelure shiny se dignase a aparecer ante mí? ¿Acaso tenía que morirme de dolor o qué?
Tomé el pokeradar y me puse a buscar. Llevaba tantos días buscando que tenía ya todos los datos de búsqueda más que configurados. Un lampent normal. Otro. Otro más. Estrellé el pokeradar contra una de las paredes del edificio. El cacharro hizo un ruido horrible hecho pedazos, y la pared se descascarilló un poco más. Me derrumbé en el suelo y me puse a llorar desconsoladamente...
Estaba harta de que todo me saliese mal.
Estaba harta de sentirme nadie.
Estaba harta de que Russel no me valorase.
Estaba tan harta de todo...
Una lucecilla violácea me iluminó tenuemente, calentándome un poco. Un gemidito gentil sonó débilmente en mi oído, como triste. Levanté mi mirada borrosa por las lágrimas con las pocas fuerzas que tenía. Unos ojos aguamarina me devolvieron una mirada triste. Me sequé las lágrimas con la manga de la sudadera y me contuve para intentar parar de gemir. Una figurita redonda brillante con dos largos brazos metálicos y un sombrerito negro me miraba con pena, como si le doliese no poder consolarme. Mis ojos se abrieron como platos... Era un...
-¡Ah! Estás aquí.
Giré la cabeza de golpe, sorprendida por la voz de Russel. El pequeño Lampent se asustó, poniéndose tras de mi. Intenté tranquilizarlo con voz dulce, pero parecía algo inseguro. De todos modos, no parecía preocupado de mi presencia, tan solo molesto y desconfiado por el desconocido que acababa de presentarse.
-¡Russel! ¿Qué haces aquí?
-¿Creías que no me iba a dar cuenta de que te levantabas? Te he seguido hasta aquí -escuchar que me había seguido con tanta facilidad me puso molesta. Este era mi sitio-. ¿Has estado viniendo aquí sola todo este tiempo?
-¿Por qué me lo escondías? ¡Podía haberte acompañado!
Intenté respirar hondo para que mi tono de voz sonase normal, pero aún así lo alcé demás.
-¡Porque era una sorpresa, idiota!
El Lampent lanzó un gemidito molesto. ¿Simpatizaba conmigo? En ese momento se me iluminó la cara. ¡Qué demonios, esto era justo lo que llevaba días intentando conseguir! Sonreí, cambiando rápidamente de humor a un estado de euforia.
-No importa ya. ¡Russel, he estado todo este tiempo intentando conseguirte un Chandelure shiny! ¡Y mira, he encontrado un Lampent! ¿Lo quieres? -dije con la mirada llena de ilusión.
Russel me miró estupefacto un instante, sin acabar de creérselo del todo. Lampent se escondió un poco más detrás de mí. Y yo supe que había algo malo en todo aquello en cuanto me percaté de que el rostro de Russel titubeaba con expresión incómoda.
-De veras que me alegra que te hayas esforzado tanto por conseguirme a Chandelure, te lo prometo, pero... -se rascó la mejilla, como si no supiese cómo continuar-. A mí me gusta entrenar a mis pokémon desde pequeños, controlando su crecimiento para que sean capaces de dar lo mejor de sí, escogiendo sus movimientos personalmente y decidiendo cuándo deben o no evolucionar... En serio, es increíble que hayas estado buscando todo este tiempo un Chandelure para mí, y que lo hayas encontrado, pero entrenar a este Lampent a estas alturas no sé...
De golpe, toda la felicidad y emoción se derrumbó de golpe. ¿Qué? Todas mis esperanzas... todas mis ilusiones... todo mi esfuerzo... a pique. Mi sonrisa se deshizo lentamente hasta que mi rostro quedó serio. Me sentí vacía, como si me hubiesen arrancado todas las emociones de golpe. Aunque mis lágrimas empezaron a derramarse de nuevo, sin darme cuenta, en el más pulcro silencio. No sé cómo Reaccionó Russel, era como si no existiese nada alrededor.
-V-va...le...
Me levanté despacio del suelo, me sacudí el polvo y me puse a caminar hacia el interior de las ruinas antes de que todo el mundo se me viniese abajo y me pusiese a llorar desconsoladamente. Escuché a Dusknoir tras de mi, tal vez cortándole el paso a Russel para que me dejase tranquila, y solo pude decirle gracias con mi mente.
Corrí, corrí, corrí, bajé a través de los retazos de una escalera que bajaba abajo, muy abajo, a los sótanos de las ruinas. Y cuando estuve tan lejos del mundo como fui capaz me puse a llorar como loca, gritando para dejar que todo el dolor saliese de mí. Todo lo que había estado haciendo no valía nada. Todos mis esfuerzos por encontrar un pokémon que a Russel le gustase habían sido inútiles. Toda mi ilusión por lograr que él se sintiese orgullosa de mí, porque me reconociese como alguien de su nivel...
No sé qué me dolía más: si que todo lo que había hecho fuese en vano o que ni siquiera hubiese fingido un mínimo interés... ¡Qué demonios, ¿acaso no tenía ni idea de las nulas posibilidades de encontrarse un pokémon shiny?! ¡No hacía falta siquiera que lo quisiera para luchar! ¡Que era un maldito shiny, había gente que daría lo imposible por uno!
Lo había despreciado sin pensarlo... había despreciado todo lo que había estado haciendo por él todo este tiempo... otra vez...
De nuevo me alumbró la tenue y cálida luz morada. Lampent me había seguido hasta las profundidades de aquel frío lugar. Y parecía que estábamos solos él y yo, como si todos los pokémon de la zona se hubiesen puesto de acuerdo para dejarnos intimidad. Él se acercó a mí, como intentando consolarme.
-Gracias... Y perdón por haberte querido regalar a ese imbécil insensible -me disculpé, secándome las lágrimas con la manga de la sudadera.
Lampent acarició mi mejilla. Esperaba que fuese más gélido, pero su cuerpo emanaba un dulce calor. Sonreí. Y él pareció alegrarse. Se acomodó en mi regazo y me dejó abrazarlo mientras el dolor se escapaba lentamente de mí.
Según la pokédex, los Lampent se alimentan de almas de las personas, pero este pequeño Lampent se acercó a mí cuando fue mi corazón lo que se rompió. ¿Acaso es que, aparte de por su color, era especial por ser capaz de percibir las emociones humanas, por sentirse atraído hacia el dolor?
-Lo siento... -susurré. Lampent alzó la mirada hacia mí -. Perdona por haberte querido regalar a Russel. No tuve en cuenta tus sentimientos -él lanzó un gemidito-. De verdad, debí pensar un poco en tus sentimientos. Imagino que habrán venido un montón de entrenadores ansiosos de capturarte para sus propios caprichos. Ha debido ser una tortura tener que huir una y otra vez de ellos -Lampent asintió tímidamente-. Lo siento mucho... yo también he debido asustarte...
Él negó con la cabeza. Se distanció de mí y bailoteó un instante en el aire, diciendo algo. Yo sonreí, secándome una última lágrima.
-Je, je... Todavía no entiendo por qué te has acercado a mí... pero...
Lampent puso gesto molesto. Desapareció y regresó al rato con una flor marchita idéntica a la que me había dado Dusknoir. Me la dejó en el regazo, quejándose.
-Entonces... ¿Crees que fui amable con Dusknoir? -asintió-. Piensas que soy buena persona, ¿no? Perdona por no haberlo entendido antes... Gracias, Lampent.
Sonrió y volvió a danzar de un lado a otro. Al final me puse a reír y a bailar con él. El dolor pareció desaparecer casi del todo con él.
Al rato me senté de nuevo, rebuscando en la mochila algo que darle de comer. Encontré un par de pokélitos, y parecieron encantarle. Esperé pacientemente hasta que terminó para levantarme del todo y despedirme de él.
-Gracias por todo, y siento todo esto. Prometo no decirle a nadie que te escondes aquí, no te preocupes. Espero que seas muy feliz.
Lampent me miró un instante sin entender, pero en cuanto me vio alejarme pegó un grito de desagrado y se puso a seguirme.
-¿Q-qué pasa? -pregunté.
Siguió lanzando quejidos de enfado y cortándome el paso.
-T-tengo que irme...
Entonces se puso tras de mí y golpeó la mochila un par de veces. Se me cayeron un par de MTs, la pokédex y varias de mis Pokéballs. Con indignación se apresuró a coger una de éstas últimas y a ponérmela delante de la cara. Yo me quedé un rato sin comprender mientras él seguía insistiendo en su explicación. Cuando comprendí se me quedó cara de asombro.
-¿Q-quieres venir c-conmigo? -pregunté, incrédula.
Lampent sonrió, asintiendo. Durante un segundo me quedé paralizada, como si no entendiese la situación. Luego me extrañé de ello, incapaz de comprender que él quisiese venirse conmigo. Y luego me puse a llorar, pero de felicidad. Volví a secarme las lágrimas, sonriendo.
-Está bien, está bien... Pero espera, te mereces una pokéball más bonita que esa...
Rebusqué en la mochila, guardando de paso las cosas que se me habían caído por el camino. Al final saqué una bonita pokéball blanca y se la mostré. Pareció gustarle mucho, porque se lanzó como loco a presionar el botón rojo para dejarse atrapar. Ni siquiera vibró de un lado a otro unos segundos. Le dejé salir al instante, y parecía más contento que antes. Danzó unos segundos ante mí antes de desaparecer. Volvió al rato, con una cajita cerrada con candado entre las manos. Me la dejó entre las mías y me atosigó a que la abriese. Me costó un poco forzar la cerradura, pero como el candado estaba oxidado, cedió sin muchos problemas. Dentro había una piedra noche reluciente. De nuevo me quedé estupefacta mirándola, extrañada.
-¿Q-quieres que la use en ti? -le pregunté.
Él asintió, animado. Me pregunté cuánto tiempo habría estado esperando que alguien digno de su confianza le ayudase a crecer y a hacerse más fuerte. Asentí, sonriendo, y saqué la piedra de dentro de la caja para entregársela a Lampent. En cuanto la tocó ambos empezaron a brillar. Tuve que apartar la mirada para no cegarme durante el proceso. Cuando todo paró, miré al imponente y precioso pokémon que lucía orgulloso ante mí: sus llamas se habían multiplicado, más poderosas, doradas ahora, y sus ojos resplandecían violetas y llenos de felicidad. No parecía el pokémon tímido y asustadizo con el que me había encontrado.
-¡Mírate! ¡Pareces otro pokémon distinto! -sonreí. Él pareció halagado-. Ahora solo queda ponerte un mote, ¿te gustaría?
Chandelure asintió, danzando de felicidad. Me quedé meditándolo un instante. Mi primer idea fue llamarle Inferno, pero sonaba demasiado agresivo para un pokémon tan dulce como Chandelure. Además, le pegaba mucho más a un Infernape. Tanteé palabras que sonasen parecido a su nombre original.
-¡Chain!
Como la cadena que había aprisionado mi dolor para liberarme de él. A él pareció gustarle bastante, así que oficialmente le apodé así.
-Venga, vamos a despedirnos de tus amigos.
Russel seguía en la planta superior, enfrentándose a Dusknoir. Ambos parecían agotados... ¿Llevaban todo este tiempo peleando? Era sorprendente como un pokémon salvaje era capaz de plantarle cara y soportar a un entrenador con pokémon educados para la batalla. Aunque se veía que aquel combate le estaba dejando factura. Pude apreciar una quemadura en uno de los costados de Dusknoir, y los efectos del cansancio eran más que evidentes.
-Eres un pokémon duro de roer, ¿eh? -sonrió Russel-. ¡Qué ganas de atraparte!
Russel sacó una Ocasoball de su mochila. Con la pícara sonrisa que siempre dibujaba en su cara apretó el botón y la lanzó con fuerza hacia el pokémon.
-¡Bola sombra!
Una esfera formada de sombras interceptó el camino de la pokéball, haciéndola añicos. Russel la miró un instante, incrédulo, antes de dirigir la mirada hacia donde había escuchado la voz buscando explicaciones. Yo me acerqué a Dusknoir seguida de Chain y su luz dorada. Cuando estuve a su lado rebusqué en mi mochila para sacar un par de bayas y entregárselas mientras le acariciaba con mimo.
-Gracias por esto, Dusknoir -le besé. Se ruborizó un poco mientras sonreía. Le cedí la baya Zidra mientras abría en dos la baya safre para restregarla sobre la quemadura y paliar sus daños. Luego miré a Russel-. Ni se te ocurra atrapar a ninguno de los pokémon de estas ruinas, y menos hacerles daño. Sal de aquí, luego te busco.
Me miró un instante, asombrado y extrañado. Luego murmuró una disculpa arrepentida y confusa, volvió a meter a su Arcanine en su pokéball y salió del edificio. Yo respiré. Se me daba mal hacerme la dura, pero tenía que imponerme. Miré a Dusknoir, tenía mejor pinta ahora que le había curado la quemadura. El resto de pokémon salieron de sus escondites. Vi alguno magullado, tal vez intentara ayudar a su compañero, y eso me puso de peor humor, pero me lo reprimí. Chain tenía que despedirse, y yo también les debía mucho a aquellos pokémon.
Chain empezó a dar sus despedidas a todos, y la escena se tornó triste y melancólica. Un litwick pequeñito se puso a llorar y tuve que abrazarlo un buen rato hasta que se tranquilizo. Un sableye le entregó una especie de hilo rojo que no supe bien si era un lazo destino o no. Yo, por la contra, saqué de mi mochila un par de bayas de cada tipo que tenía y se las di a Dusknoir, explicándole para qué funcionaba cada una y cómo plantarlas. Así lo tendrían mucho más sencillo para curarse ellos mismos o para enfrentarse a los entrenadores que viniesen a darles guerra a su pacífico hogar.
-Cuídalos bien a todos, ¿vale? Confío en ti, eres fuerte y valiente -le sonreí, intentando contener las lágrimas.
Dusknoir me devolvió la sonrisa.
Cuando terminamos las despedidas todos nos corearon con sus diferentes gritos mientras nos alejábamos. Si ya era duro para mí, no quería imaginar como lo era para Chain. Lo abracé para consolarlo, y eso pareció animarle. Pronto estuvo de mejor humor nos dirigimos juntos hacia la cuidad para buscar a Russel, pero él se detuvo antes de entrar. Lo miré extrañado un instante antes de comprender.
-Oh, tienes miedo, ¿verdad? -probablemente era la primera vez que salía tan lejos de su hogar, y no debía tener demasiadas buenas impresiones de todos los desconocidos que intentaron atraparle -. Tranquilo, ahora vas conmigo, nadie te hará daño. Pero si lo prefieres puedes volver a la pokéball.
Asintió y lo devolví a ella. Iba a costarle un poco acostumbrarse a los demás. Respiré hondo y me mentalicé para hablar con Russel. Por suerte o desgracia, lo encontré enseguida en el Centro Pokémon, consultado la pokédex con aire desganado. Me acerqué despacio a él, quedándome unos segundos tras de él viendo qué hacía. Leía los datos de Chandelure. Cuando se percató de mi presencia pegó un brinco de asombro, y me costó reprimir una carcajada.
-Y-yo... -comenzó a hablar.
-Déjalo.
-Pero...
Me senté en silencio a su lado, apoyando la pokéball de Chain sobre la mesa.
-Deberías ser más cuidadoso con los sentimientos de los demás -vi que estaba a punto de interrumpirme, pero yo continué para cortar su intento-. Ya no solo los míos, yo ya estoy acostumbrada de siempre ir por detrás de ti y que no me veas, pero los pokémons tuyos, míos o salvajes tienen sentimientos, deberías valorar lo que sienten, ¿sabes? Si los desprecias por no tener una naturaleza concreta o un nivel determinado se pueden sentir heridos. Ellos nacieron así, no es culpa suya.
Russel se quedó un instante en silencio.
-Soy horrible, ¿verdad?
-No -dije yo tajantemente-. Solo has perdido de vista el verdadero objetivo de viajar: descubrir nuevos lugares, conocer pokémon y hacer amigos. Deja de obcecarte en tener un equipo competitivo y ser inderrotable, disfruta entrenando y combatiendo, ganando y perdiendo, jugando con tus pokémon y deja de lado el tener que ser el mejor por una vez.
De nuevo un largo silencio nos invadió. Yo me levanté, me fui a comprar algo de comer para mí y mis pokémon y pasé el resto del día en una pradera dejando que Chain conociese a sus nuevos aliados. Entre todos le conté mis aventuras y cómo había conocido a cada uno de ellos, hablándole de viejas anécdotas, recuerdos tristes y momentos felices. Cuando empezó a oscurecer regresé al centro pokémon. Russel llegó al rato, cenamos en silencio y nos fuimos a dormir.
-¿Estás despierta? -me preguntó Russel a medianoche.
Lancé un gruñido para decirle que sí.
-Siento haber rechazado a Chain y haberte entristecido.
-Un poco tarde para echarse atrás.
-Lo sé... Perdón, no sabía que te sentías así... Yo nunca he pensado que eras menos que yo, te lo juro. Todo lo que he intentado hacer por ti era para ayudarte y alegrarte.
Me mordí el labio para intentar contener el dolor.
-¿Crees que eso no lo sé ya? ¡Pero no por ello deja de ser doloroso! Déjame hacer cosas por mí misma. Entrenar, criar, luchar... Da igual si lo hago bien o mal, son mis errores y mi aciertos, no los tuyos. Si fallo que sea por mi culpa. No quiero ser más tu sombra.
Y me dormí enfadada.
A la mañana siguiente Russel no estaba. Me levanté sorprendida. La enfermera Joy tampoco tenía ni idea cuando le pregunté. Extrañada, alimenté a mis pokémon, me zampé una taza de chocolate caliente antes de salir a su búsqueda. ¿Acaso iría a retar al líder de gimnasio ya? ¿O tal vez estaba de nuevo entrenando?
Me pasé por el gimnasio a preguntar si le habían visto. No al parecer. Y como me había dado a la fuga no tenía ni idea de donde estaba entrenando con sus pokémon. Dios... ¡¿Por qué él era siempre de dar conmigo y yo no con él?!
Me recorrí la ciudad entera preguntando inútilmente, sintiendo cada vez más pudor al preguntar. Al final me exasperé y fui por mí misma a las rutas cercanas en su busca. Nada en el bosque. Tampoco en el prado. Lo último que me quedaba antes de alejarme demasiado eran las ruinas, pero era imposible que estuviese allí después del mal trato que le había dado allí.
Al final me rendí, dejé que Chain saliese un rato de la pokédex y me tumbé en la hierba un rato a descansar. Me dolían los pies, y el contacto contra el verdor me aliviaba. Saqué un par de pokélitos y se los dí a Chain mientras jugaba entre la maleza. Se le veía feliz descubriendo el mundo alrededor. ¿Cuánto tiempo llevaría atrapado en las ruinas con miedo a salir? Supongo que ver luz del sol y cosas nuevas debía ser una experiencia tan increíble para él como era para mí conocer nuevas cuidades o regiones.
-¿Eso es un Chandelure Shiny?
Chain echó a correr detrás mía para esconderse de un chico de pelo oscuro y ojos increíblemente profundos. Me sentí un poco abrumada cuando clavó la vista en mí.
-¡Qué pasada de pokémon! ¿Es tuyo?
-S-sí... -admití tímidamente.
-Dios... Es una preciosidad. ¡Por favor, déjame verlo un poco más de cerca!
Chain se acurrucó más detrás de mí. Y yo pude ver de reojo las pokéballs que asomaban de su cinturón. Ahora entendía la reacción desmesurada de mi pokémon.
-Esto... m-mira, yo...
Me rasqué la mejilla con incomodidad. No podía hacer luchar a Chain, pero este entrenador no parecía por la labor de dejarme en paz.
-D-de verdad, es que...
-¡Déjala tranquila!
Esa voz me produjo un escalofrío de alivio y pánico a la vez. Pude ver a Russel asomar a su espalda con gesto intimidatorio, apartándolo de un manotazo prácticamente mientras clavaba sus ojos fríos en él. Arcanine se acercó a mí para acariciarme con su hocico húmedo a modo de saludo. Yo le acaricié la cabeza sin poder apartar la mirada incrédula de su entrenador.
-Te está dando largas, déjala tranquila -dijo con la voz más helada que jamás le había escuchado-. Ella viene conmigo, si quieres un combate, yo y mi Arcanine estaremos encantados de dártelo.
El chaval se mordió el labio sin saber bien dónde meterse antes de decirle a su Gastly que se iban. Russel respiró hondo, pero yo me quedé igual de petrificada.
-Agh... Siento haberte dejado sola -se disculpó, volviendo a ser él mismo-. Anoche estuve pensando sobre lo que me dijiste y fui a las ruinas a disculparme. También he hablado con mis pokémon por si a alguno les había incomodado alguna vez por mi actitud, aunque creo que tras tanto tiempo juntos nos hemos acostumbrado a las aventuras locas, ¿verdad Arcanine? -su pokémon le respondió con un rugido alegre. Russel rió. Aunque al instante siguiente miró a Chain-. También te debo una disculpa muy grande a ti. No debí menospreciarte como lo hice. Lo siento.
Chain asomó de mi espalda, dubitativo, analizando la credibilidad del chico. Tras un rato acabó cediendo y se acercó a él con gesto de amistad. Russel sonrió, y Chain pareció contento. Luego me miró a mí, recuperando el gesto amargo.
-Y te debo una disculpa a ti también. Sé que me he comportado, aunque fuese inconscientemente, como un idiota. No pienso que seas menos que yo ni nada de eso, tan solo pretendía ser amable contigo. Y siento haber hecho y dicho cosas tan horribles, me había obcecado en mis ganas de ser el mejor y había olvidado que podía hacer daño a los demás por el camino. Intentaré ser más cuidadoso a partir de ahora.
Me levanté de la hierba despacio, aún sopesando las palabras que acababa de formular. Pude ver en su rostro la incertidumbre. Me sacudí de encima la hierba y me recoloqué la ropa antes de acercarme despacio a él y plantarle un beso en toda la boca. Su cara de incredulidad fue un poema que no pude evitar que me hiciese reír.
-Dios, eres tan idiota... Te amo.
lunes, 23 de octubre de 2017
Luna
¿Y sabes? Sí tenías razón en algo.Yo era tu luna. Una luna triste, envidiosa de las estrellas. Soñando con ser el sol de alguien, cálida y alegre, añorando que orbitases a mi alrededor. Pero solo era eso, una luna, fría y triste, girando a tu alrededor, dándote todo de mi, reflejando la luz de aquello que envidiaba, fingiendo ser lo que no era, todo para iluminarte en la oscuridad. Una luna que solo servía para que la observasen en silencio, que la admirasen durante un segundo esporádico en una noche en la que la fortuna la mostraba plena. Una luna que en silencio se dejaba herir por meteoritos.
Sí, soy una luna. Y ésta es mi última noche.
miércoles, 9 de agosto de 2017
Teorías random: Pokémon Sol/Luna, el plan de Kukui
Si eres fan de Pokémon seguro que ya conoces la historia de Pokémon Sol/Luna, en la cual comenzamos una nueva y fantástica aventura en la colorida y cálida Alola. Si no es así, esta teoría no tendrá sentido para ti, y te hará tragar más de un spoiler, por lo que te recomiendo parar aquí.
¿Eh? ¿Sigues leyendo? Vale.
Es importante matizar que esto es solo una teoría inventada por mi y sin ningún argumento de peso que la constate, por lo que ya desde primeras aceptad que no es canon para absolutamente nada. Simplemente os la cuento para entreteneros y sacaros una que otra carcajada.

En este juego nos encarnamos en un nuevo protagonista perteneciente a Kanto que, por motivos familiares (al parecer nuestra madre tiene un interés muy grande por esta región, aunque no salga de casa para absolutamente nada, pero bueno, dejaré mi teoría sobre lo que realmente ha venido a visitar para otra ocasión). Conoceremos a Kukui nada más empezar, el profesor pokémon de la región (que, por cierto, tiene un fetiche muy raro con pokémon y BDSM), que nos invitará a visitar la región y enfrentarnos a las pruebas de las islas para, finalmente, proponernos que nos enfrentemos a la Liga Pokémon que está montando.
Analizando Alola, pronto nos damos cuenta que el nivel de los entrenadores no es especialmente alto, salvo casos excepcionales como los Kahuna. Ni siquiera el nieto de uno de ellos, Tilo, es alguien digno de mención. No hay gimnasios, no hay ligas ni ningún reto importante para ser entrenador más allá del peregrinaje, que tiene más de viaje territorial que de lucha pokémon. Por no haber, no hay ni Kahuna en la última isla, y la que se supone que es la líder de prueba de la isla está de fiesta pintando por la región sin preparar su prueba.
Es obvio que en Alola prefieren el veraneo, los hoteles de lujo y hartarse de malasadas. Hasta Raichu ha cambiado de ser un pokémon de combate a un surfista devorador de dulces.
Y, ante este panorama está Kukui, que aún sabiendo esto, decide montar una liga a base de los dos Kahuna más débiles (los de las dos primeras islas), una lider de prueba cuqui y random, y una golfista que prefiere el deporte a ser entrenadora. Os suena tan mal como a mi, espero.
Tras todos los periplos del juego, por fin superamos el recorrido insular y a los "Alto Mando". ¿Y a quién nos encontramos al final del viaje? A Kukui, el artífice de todo esto.
¿Cual es la teoría aquí, Angelmonium?
El sueño de Kukui siempre ha sido convertirse en Campeón de Liga. Sin embargo, tuvo la desdicha de nacer en Alola, la única región del mundo donde la lucha pokémon no es deporte nacional. A pesar de sus esfuerzos por ser un gran entrenador, en este lugar resultaba inútil, porque no tenía ningún reto que lo ayudase a ser reconocido.
Cuando pudo, viajó a otras regiones a intentar ser reconocido, buscar la fama. Intentó combatir en los gimnasios, incluso retó a la Liga, pero no dejaba de ser un entrenador débil que no podía estar a la altura de los entrenadores que llevaban toda una infancia de preparación y muchos más años de experiencia que él en el ámbito del combate pokémon.
Entonces ideó su plan.
Volvió a Alola, la región sin grandes entrenadores en las que podía destacar gracias a la experiencia exterior sin mucha complicación y decidió convertirse en Profesor para tener la oportunidad de, en su momento, poder crear una Liga en su propia región. Pero sería demasiado descarado crearla y autoproclamarse campeón a sí mismo, por lo que le propuso ese puesto a un niño extranjero recién llegado, originario de la gran región que vio nacer y crecer al famoso Red/Rojo. Un crío no podía ser demasiada complicación, más teniendo en cuenta que había empezado a entrenar aquí. Así que bastaba que lograse casi coronarse Líder de la Región, aparecer ante él en el último instante, retarle para cerciorarse de que era digno del título y apalizarlo para justificar ante todo el mundo que, mientras no apareciese nadie más fuerte (y en Alola no contaba con la existencia de ninguna), él tomaría el título. Rápìdo, honroso y aclamado por las masas. Lo que siempre había querido.

Sin embargo, no calculó algo: somos de Kanto, una de las regiones que mejor prepara a sus niños para ser entrenadores, una región donde el nivel es tan alto que puedes quedarte por años enteros en la primera ruta si no eres fuerte y listo. Y, tengamos en cuenta que nuestro héroe tiene once años, y con diez en esta región ya se tiene un pokémon y se inicia en los gimnasios, así que sí teníamos un mínimo de un año de experiencia previa, y por ende, toda la ventaja ante Kukui, que cae derrotado ante nosotros junto a todo su plan, sus sueños y esperanzas.
¿Os ha gustado la teoría? Si es así puede que os traiga más en otra ocasión. ¡Hasta la siguiente!
jueves, 8 de diciembre de 2016
¿Qué es Pokémon para mí?

Pokémon, ¿quién no conoce esta saga? Se trata de la segunda más vendida de los videojuegos a escala mundial, solo superada por la de Mario. Ese mundo fantástico donde personas conviven con seres maravillosos con habilidades únicas y potencial infinito. Sí, todos hemos visto el anime, jugado a algún juego o tenido un peluche de la saga. Quien más y quien menos tiene su propia historia ligada a esta saga. Y esta es la mía.

miércoles, 8 de junio de 2016
miércoles, 30 de septiembre de 2015
#Microcuento
Tomó una pistola y se disparó en la calle más concurrida de su ciudad. Se suicidó cómo quiso vivir, llamando la atención. Murió como siempre vivió, siendo ignorado.
miércoles, 12 de agosto de 2015
End
Abrió los ojos lentamente,
despertando a causa de los rayos de sol que se colaban tímidamente a través de
la ventana. Aún somnolienta, estiró su mano sobre la cama hasta alcanzar su
teléfono móvil como cada mañana, en busca rutinaria de aquel mensaje matinal de
él que le aportase los ánimos para superar un nuevo día.
Ningún mensaje, ninguna
notificación.
Claro, ayer había terminado todo.
Ya no habría más mensajes de buenos días, ni llamadas durante horas al
teléfono, ni más “te echo de menos”, ni “pronto estaremos juntos”… Ya no
volvería a sonar su tono de teléfono que la hacía correr hacia él, ni quedarse
hasta tarde pegada a la pantalla del teléfono móvil, ni estar atenta al
teléfono a cada segundo del día.
Un débil “toc, toc” sonó al otro lado de la puerta. Ella apoyó el teléfono sobre la mesilla de noche de nuevo, algo reticente, dolida por la pena de no volver a recibir aquel mensaje tan suyo en el que le deseaba “buenos días, princesa”.
Se reincorporó lentamente, con un
esfuerzo casi inhumano, mientras la puerta de su dormitorio se abría. Con
torpeza, una bandeja con tostadas, leche caliente y una rosa se abrió paso
tembloroso al dormitorio, seguido de la sonrisa del ser más dulce y tierno del
universo:
-Buenos días, princesa –le
susurró él, trayéndole el desayuno a la cama de su nuevo hogar, el hogar que
formaría con él, por fin juntos el resto de sus días.
Sí, todo había terminado. Y un
nuevo principio se antojaba brillante.
miércoles, 13 de mayo de 2015
Sé feliz
Monium empujó a Angel hacia él.
-¿Pero qué...? ¿Monium?
-Ve con él.
-Pero... tú...
-Tranquila, estaré bien. No voy a irme, ni a estar sola. Estaré siempre tras de ti, invisible, observando tu alegría entre las sombras.
-Pero eso no es just...
-Sé feliz con él, a fin de cuentas eres lo que él quiere ver. Y no temas, yo siempre me quedaré tras de ti, asumiendo los golpes. Tú solo sonríe pase lo que pase, yo me encargaré del dolor. A fin y al cabo, esa siempre fue mi función. Sé el ángel que todos quieren ver, yo seré el demonio que todos necesitan.
-¿Pero qué...? ¿Monium?
-Ve con él.
-Pero... tú...
-Tranquila, estaré bien. No voy a irme, ni a estar sola. Estaré siempre tras de ti, invisible, observando tu alegría entre las sombras.
-Pero eso no es just...
-Sé feliz con él, a fin de cuentas eres lo que él quiere ver. Y no temas, yo siempre me quedaré tras de ti, asumiendo los golpes. Tú solo sonríe pase lo que pase, yo me encargaré del dolor. A fin y al cabo, esa siempre fue mi función. Sé el ángel que todos quieren ver, yo seré el demonio que todos necesitan.
sábado, 14 de marzo de 2015
¿Quién soy? (Xion)
¿Quién soy?Xion
¿Quién soy?
El número XIV de la Organización XIII.
¿Quién soy?
En nº i.
¿Qué soy?
Yo... tan solo... soy una marioneta... creada por la Organización... Sin rostro... sin identidad... cada uno me ve como su corazón lo desea... Hay quien no ve nada dibujado en mi rostro... Otros tal vez me contemplen con el rostro de un chico idéntico a Roxas... Axel, le he oído decir a escondidas, dice que soy clavadita a Naminé... Roxas, por otra parte, me contempla como una muchacha de cabello oscuro y corto, y de ojos azules como el mar...
Soy una coraza vacía que cada uno ve como desea... o eso creían...
No estoy tan vacía.
Pero no me desviaré. Cada uno me ve de un modo... pero... en el momento en el que Roxas pueda verme con el rostro de un chico... uno muy parecido a él... estaré lista, muy a mi pesar, de cumplir la misión que me han encomendado...
sábado, 14 de febrero de 2015
viernes, 7 de noviembre de 2014
Carta a mi yo del pasado:
A mi yo de hace cinco años:
Te va a parecer extraño, imposible, pero sí, soy tu yo de dentro de cinco años. Un importante amigo para mí me ha pedido que le diga qué te diría si tuviese la oportunidad de hablarte. Así que he decidido escribirte.
No sé qué contarte. O mejor dicho, no sé qué debo contarte. No quiero que lo que yo te diga cambie tus decisiones, porque ahora mismo soy muy feliz. Pero bueno, intentaré contarte un par de cosas.
Ahora mismo estás estudiando segundo de bachillerato, ¿verdad? Yo estoy terminando mi último año de carrera. ¿Sorprendente? Tú tranquila, escogerás una bonita carrera, te gustará mucho. Puede que resulte estresante y que te atragantes en alguna asignatura, pero conseguirás sacarlas aunque sea a la tercera, ja, ja, ja... No te preocupes por eso, solo sé constante. Te ayudará mucho.
Quiero avisarte de varias cosas. Lo primero, sé que tienes alguna que otra idea en mente respecto a lo que quieres estudiar. No te dejes influenciar ni tengas miedo a hacer algunos sacrificios, aunque al principio parezca duro luego te sentirás muy satisfecha. Otra cosa es que sé que ahora mismo lo estás pasando un poco mal. Sé que estás sola, que no tienes amigas. A fin de cuentas, soy tú. No te preocupes, harás amigos. Y sobre esto quiero avisarte de un par de cosas, aunque te voy a dar demasiada información con esto.
Este año conocerás a gente maravillosa con la que entablarás amistad. Cuando entréis en la Universidad puede que cueste mantener la amistad con ellos. Sé que eso siempre te ha preocupado. Al respecto yo no te puedo ayudar, porque ni siquiera yo he conseguido solucionar eso. Solamente puedo decirte que tengas valor.
Por otra banda, dentro de un par de años te adentrarás en el mundo de las redes sociales. No te voy a mentir diciéndote que todo va a ser maravilloso, porque no lo va a ser. Es más, te van a hacer mucho daño a través de ellas. Pero no temas, porque gracias a ellas vas a hacer amigos increíbles y fabulosos, a muchas de las personas más maravillosas del país (sí, has leído bien. Conocerás y entablarás amistad con gente de toda España e incluso de otros países). Ellos te necesitarán, a veces te supondrán una preocupación constante, pero tú también te apoyarás en ellos, y ellos te ayudarán siempre que lo necesites. Te lo prometo, serás más feliz que nunca con ellos.
¡Por cierto! El que me pidió que te escribiese es uno de esos chicos. Le mandaré saludos de tu parte, espero que no te moleste.
Continuando con las redes sociales, aunque no debería decírtelo, gracias a ellas conocerás a personas que serán algo más que amigos para ti. Te pongo en sobreaviso: el amor te va a hacer daño durante una larga temporada antes de que encuentres a la persona predestinada para ti. Pero te juro que valdrá la pena. No te voy a decir quién es el chico con el que acabarás y quiénes son los equivocados, porque probablemente si lo hago alteres tus decisiones y no cometerás los errores necesarios para encontrar al chico que sí te hará feliz. Solo te diré que no te preocupes si te hacen demasiado daño, valdrá la pena tarde o temprano porque en el peor momento de tu vida aparecerá ese chico que "derretirá tu corazón congelado".
Él te cuidará, te mimará, te hará reír, pero también vas a llorar mucho por él. No quiero decirte por qué, porque quiero que mires al futuro con luz en los ojos. No te rindas con él, ¿vale? Aunque las cosas sean duras te prometo que vale la pena. No puedo contarte nada más.
Y bueno, no sé qué más contarte. Tranquila con ese segundo de bachillerato, no es tan duro, y Selectividad lo es mucho menos. Te lo sacarás fácilmente, pero no te descuides por lo que te he dicho, ¿eh? No vayas a arruinar tu futuro y mi presente.
A todo lo anterior, no te preocupes, elegirás bien, aunque a veces puede parecerte lo contrario. Tú fíate de tu instinto y tu corazón y todo irá bien, te lo juro.
Puede que no te creas nada de esto. Si es así, mejor para las dos.
Te deseo suerte, aunque no la necesitarás.
Mucho ánimo
Tu yo del 2014
Te va a parecer extraño, imposible, pero sí, soy tu yo de dentro de cinco años. Un importante amigo para mí me ha pedido que le diga qué te diría si tuviese la oportunidad de hablarte. Así que he decidido escribirte.
No sé qué contarte. O mejor dicho, no sé qué debo contarte. No quiero que lo que yo te diga cambie tus decisiones, porque ahora mismo soy muy feliz. Pero bueno, intentaré contarte un par de cosas.
Ahora mismo estás estudiando segundo de bachillerato, ¿verdad? Yo estoy terminando mi último año de carrera. ¿Sorprendente? Tú tranquila, escogerás una bonita carrera, te gustará mucho. Puede que resulte estresante y que te atragantes en alguna asignatura, pero conseguirás sacarlas aunque sea a la tercera, ja, ja, ja... No te preocupes por eso, solo sé constante. Te ayudará mucho.
Quiero avisarte de varias cosas. Lo primero, sé que tienes alguna que otra idea en mente respecto a lo que quieres estudiar. No te dejes influenciar ni tengas miedo a hacer algunos sacrificios, aunque al principio parezca duro luego te sentirás muy satisfecha. Otra cosa es que sé que ahora mismo lo estás pasando un poco mal. Sé que estás sola, que no tienes amigas. A fin de cuentas, soy tú. No te preocupes, harás amigos. Y sobre esto quiero avisarte de un par de cosas, aunque te voy a dar demasiada información con esto.
Este año conocerás a gente maravillosa con la que entablarás amistad. Cuando entréis en la Universidad puede que cueste mantener la amistad con ellos. Sé que eso siempre te ha preocupado. Al respecto yo no te puedo ayudar, porque ni siquiera yo he conseguido solucionar eso. Solamente puedo decirte que tengas valor.
Por otra banda, dentro de un par de años te adentrarás en el mundo de las redes sociales. No te voy a mentir diciéndote que todo va a ser maravilloso, porque no lo va a ser. Es más, te van a hacer mucho daño a través de ellas. Pero no temas, porque gracias a ellas vas a hacer amigos increíbles y fabulosos, a muchas de las personas más maravillosas del país (sí, has leído bien. Conocerás y entablarás amistad con gente de toda España e incluso de otros países). Ellos te necesitarán, a veces te supondrán una preocupación constante, pero tú también te apoyarás en ellos, y ellos te ayudarán siempre que lo necesites. Te lo prometo, serás más feliz que nunca con ellos.
¡Por cierto! El que me pidió que te escribiese es uno de esos chicos. Le mandaré saludos de tu parte, espero que no te moleste.
Continuando con las redes sociales, aunque no debería decírtelo, gracias a ellas conocerás a personas que serán algo más que amigos para ti. Te pongo en sobreaviso: el amor te va a hacer daño durante una larga temporada antes de que encuentres a la persona predestinada para ti. Pero te juro que valdrá la pena. No te voy a decir quién es el chico con el que acabarás y quiénes son los equivocados, porque probablemente si lo hago alteres tus decisiones y no cometerás los errores necesarios para encontrar al chico que sí te hará feliz. Solo te diré que no te preocupes si te hacen demasiado daño, valdrá la pena tarde o temprano porque en el peor momento de tu vida aparecerá ese chico que "derretirá tu corazón congelado".
Él te cuidará, te mimará, te hará reír, pero también vas a llorar mucho por él. No quiero decirte por qué, porque quiero que mires al futuro con luz en los ojos. No te rindas con él, ¿vale? Aunque las cosas sean duras te prometo que vale la pena. No puedo contarte nada más.
Y bueno, no sé qué más contarte. Tranquila con ese segundo de bachillerato, no es tan duro, y Selectividad lo es mucho menos. Te lo sacarás fácilmente, pero no te descuides por lo que te he dicho, ¿eh? No vayas a arruinar tu futuro y mi presente.
A todo lo anterior, no te preocupes, elegirás bien, aunque a veces puede parecerte lo contrario. Tú fíate de tu instinto y tu corazón y todo irá bien, te lo juro.
Puede que no te creas nada de esto. Si es así, mejor para las dos.
Te deseo suerte, aunque no la necesitarás.
Mucho ánimo
Tu yo del 2014
viernes, 23 de mayo de 2014
Xion, nº i
Esta es una historia un tanto particular. Si no conocéis el videojuego de Kingdom Hearts, la trama sucedida en el videojuego Kingdom Hearts 358/2 days y al personaje de Xion, no comprenderéis todo su contenido. Si queréis enteraros un poco, visitad esta entrada.
Yo... Tan solo soy un experimento creado por la Organización XIII, no valgo más que eso, no soy nada, una marioneta... Pero quiero a Roxas, él es más que yo, mucho más, es alguien real, alguien importante, ya no solo para mí o para Axel, o la Organización, si no para muchas otras personas, como Riku, Naminé o ese tal Sora.
Si yo sigo viva, muchas personas sufrirán. Me lo contó Naminé. Mientras yo permanezca con vida, ese tal Sora no podrá despertar, ni recordar a esa chica especial para él, no podrá volver junto a la persona que ama.
No sé si comprendo del todo lo que significa esa palabra: "Amar". Creo que es algo así como mejores amigos, pero más poderoso. ¿Algo parecido a lo que siento por Roxas? No lo sé, se supone que yo no puedo sentir, según dicen. Sin embargo, creo que hay algo mal en mi, porque siento afecto por él y por Axel... ¿Es eso normal?
Me pregunto si yo... seré la chica especial para Roxas...
Me gustaría serlo.
Aparte de todo esto, o quizá por ello, hay algo más por lo que debo desaparecer: Roxas ha vertido todos sus recuerdos en mí, tantos que creo que voy a explotar. Y si sigue haciendo eso, quizá yo colapse. Cada vez que lo hace, me fortalece, y él se hace más débil, se merma su poder. Estoy drenando sus capacidades y habilidades para mí, y no puedo soportar eso, no puedo aguantar que Roxas se esté debilitando solo para hacerme más fuerte... ¿Y si por ello le derrotasen en una misión y desapareciese para siempre? ¡No podría soportar vivir si eso ocurriese! Y ya no solo eso... Si no...
La Organización no nos quiere a los dos: uno debe desaparecer. Mientras existamos los dos a la vez, nunca seremos plenamente fuertes, ni uno ni el otro, por eso no les somos productivos si ambos coexistimos. Y para hacernos desaparecer a uno de los dos... Nos harán enfrentarnos, ya lo han intentado una vez. Suerte que Axel nos detuvo... Pero... volverá a repetirse esa escena, lo sé, me... nos obligarán a ello. Tendré que pelear contra Roxas, y en ese momento estaré contrariada. Es una lucha interna entre mi misión y mis deseos.
Ojalá pudiese estar siempre junto a Roxas y Axel tomando helados en la Torre del Reloj.
El que gane se hará plenamente poderoso, da igual si es Roxas o si soy yo. Yo... quisiera vivir, pero... por encima de ese deseo quiero que Roxas viva. Si yo gano, solo gana la Organización XIII, algo que no deseo. A pesar de que ellos me dieron la vida, no puedo evitar discrepar con su forma de actuar en este momento, ya no les puedo ser fiel... ¡¡¡OJALÁ DESAPARECIESEN!!! Pero yo no puedo lograr destruir los planes de Xenmas y Saïx. Sin embargo... si Roxas sobrevive... podría lograrlo... supongo...
He llegado a la conclusión de que si desaparezco yo, será lo mejor para todos. Roxas vivirá, los planes de la Organización se verán frustrados, Sora recuperará sus recuerdos y podrá volver con su chica especial... Mi existencia solo es un tapujo para todo esto.
Por eso he decidido desaparecer.
Por el bien de todos me sacrifico.
Lo siento.
DÍA 352 [LO QUE DEBO HACER]
Riku me ha dado este tiempo.
Axel me ha dicho que lo aproveché para pensar por mí misma.
La Organización está decidida a acabar conmigo o con Roxas.
Nunca permitirán que coexistamos.
Quiero a Roxas y a Axel.
Saïx se burlaría de esto.
Quizá sea una mala pasada de mis recuerdos artificiales, pero el tiempo que hemos pasado en la torre del reloj es real.
Ojalá los tres juntos pudiéramos quedarnos, así, para siempre.
Pero tengo que poner fin a esto.
Nunca olvidaré la puesta de sol de hoy.
Puede que Roxas y Axel lo hagan, pero yo nunca lo haré.
lunes, 10 de febrero de 2014
Forest mind
No hay muchas personas que hayan visto ese bosque, menos aún en su profundidad.
Desde el exterior luce como una silenciosa y quieta calma de vegetación bien organizada, pero densa, lo suficientemente densa para no ver en su interior desde fuera. Plantas y arbolillos de hojas verdosas, brotes tiernos y una tímida luminosidad. Eso es lo que la mayoría de la gente suele contemplar. La mayoría de la gente que llega a, por algún motivo, a fijarse aunque solo sea de reojo en ese bosque. Y esa mayoría, de por sí, es una minoría.
Luego, personas extrañas, muy pocas, que sienten curiosidad o atracción por qué hay dentro de ese bosque, esa parte invisible, tienen el valor de intentar entrar en él. Algunos lo hacen ingenuamente, otros con intencionalidad. Unos son capaces de entrar dentro, muchos otros se quedar deambulando en esa zona exterior sin que ellos puedan evitarlo.
Los que logran entrar se pueden encontrar un paisaje de lo más chocante en comparación de lo que esperaban encontrar: una gran zona de vegetación basta y desordenada, de colores apagados, un ligero olor a lluvia y un pequeño y tímido murmullo de hojas rozarse agitadas por la brisa. Hay ramas y raíces desordenadas que resultan una molestia, pero sigue siendo una zona bastante transitable, dentro de lo normal, capaz incluso de albergar espacios de vegetación agradable en la que se escucha un murmullo de agua discurrir que no quiere ser un susurro, si no una invitación a ser uno mismo y hablar para ser escuchado, a veces hasta ayudado.
Aquí es donde suele llegar todo el mundo. Resulta casi imposible avanzar más en su interior. Es más, contadas personas con una mano han logrado traspasar de esta zona. Quizá dos o tres a lo sumo.
La siguiente zona del bosque es la más alarmante, caótica y aterradora. De un aspecto que nadie podría llegarse a imaginar antes de entrar en su interior: una masa completamente intraspasable de espinos que se enzarzan entre ellos en una red corrupta, impregnados de ponzoña negra y púrpura y sangre oscura, que realmente resultan una imagen amenazante, pero que en realidad solo dañan al propio bosque, desgastándolo de una manera inimaginable, quebrando el suelo, secándolo, rezumando un aroma espeso, desagradable y aturdidor que provoca náuseas a quien lo respira. Un lugar oscuro en el que se escuchar susurros, susurros aterradores que harían enloquecer hasta a la mente más cuerda del planeta.
Llegados a este punto, ya no hay quien quiera avanzar, ni quién pueda ya... O eso parece. Realmente hay un solo ser, creo, que ha llegado a ser tan temerario, tan desdichado y a la ver afortunado para llegar a lo más hondo de ese bosque.
En su centro, en un diminuto claro rodeado de espinos, crece una pequeña rosa. Una rosa negra. Una rosa a la que le cuesta sobrevivir a menudo, pero que aún así vive. A veces mejor, dejando a sus pétalos abrirse para refrescarse con el rocío, emanando su ligero pero relajante perfume, otras veces peor, cerrada en sí misma suplicando por vivir un día más. Una florecilla que es casi incapaz de sostenerse sin luz, luz de la que carece a causa de esos espinos. que le impiden crecer, de esos susurros que la aterran para que no se desarrolle...
Pero dije que existía un ser que lograra traspasar todo eso. Una pequeña luciérnaga. Una luciérnaga solitaria y perdida que buscaba y que, atraída por el aroma dulce y suave de aquella rosa, acabó encontrándola entre tanta zarza y maleza.
Y bueno, esa pequeña luciérnaga, a día de hoy, es la que le da algo de vida y luz a esa pequeña rosa negra.
domingo, 23 de junio de 2013
Amor
Amor no es un conjunto de letras, si no un grito ahogado del alma, un deseo irrefrenable, un suspiro profundo, una sonrisa dulce, una caricia, un beso apasionado, una mirada cálida, una emoción que se apodera de ti en cuerpo y alma...El amor no es el tener a quien quieres a tu lado, es el deseo de tener a ese alguien cerca, la esperanza de que esté, no poder parar de pensar en esa persona, que en tu cabeza, segundo tras segundo, hagas lo que hagas, imagines cómo sería esa situación a su lado bien, darle los mejores deseos, luchar por esa persona con uñas y dientes hasta morir, sufrir más por el otro que por uno mismo, afectarse más por su humor que por el propio, que la distancia no sea un problema, confiar en que nunca te fallará a pesar de no estar juntos...El amor no es que esa persona sea para ti, si no tú para ella. No es poseer a alguien, es darle la suficiente confianza como para que, aún siendo libre, quiera estar solo contigo. Porque si amas algo, debes dejarlo ir, no aferrarte a él. Si realmente amas algo, no quieres hacerle daño, quieres hacerle feliz.El amor no es una cadena, es un débil hilo que se debe cuidar con especial mimo. Hay que protegerlo de tempestades, darle calor, jamás desatenderlo, llenarlo de afecto.El amor son actos, no palabras. Hay que representarlo con el alma y el cuerpo. La voz, el papel y tinta... todos esos no son más que medios que nosotros mismos utilizamos para expresar con mayor facilidad nuestras emociones. Pero no debemos olvidar que solo es un medio, que lo que de verdad cuenta son las intenciones con que van cargadas esas palabras.Somos personas complejas que tememos a los errores y negativas, a la imperfección... pero eso es precisamente lo que hace que el amor sea válido: el intentar superar esos defectos para aquellos que amamos, y a la vez aceptar aquellos de la otra persona.Querer es el verdadero sentimiento. No debemos confundirlo con pésimas imitaciones. Si se tiene el coraje y la valentía de amar, has de recordar todo esto, porque esto es el amor, y no siempre es fácil, aparecerán continuos obstáculos que pretenderán romper ese mágico sentimiento. Amor es la capacidad de superar esos obstáculos y mantener esa emoción para siempre. Eso es el verdadero amor.
jueves, 16 de mayo de 2013
Ella
Ella
Ella ha sido mi luz
salvadora que me alumbró cuando estaba perdida en un sendero gris oscuro sin
señales de dirección ni visibilidad. Un sendero neblinoso en el que hacía mucho
tiempo me habían abandonado unas sombras que había considerado amigas, o al
menos, compañeras.
Puede que al principio
la relación fuese egoísta: yo necesitaba una luz y ella una compañera, así que
nos utilizamos mutuamente para avanzar por ese sendero oscuro. Pero luego se
convirtió en algo extraño: aunque hubiese otras luces, yo ya no quería a las
demás, no del mismo modo que a ella; y aunque hubiese otros compañeros, ella
seguía queriendo acompañarme. La relación tenía sus altibajos, momentos de
extrema necesidad, momentos de separación y dolor, pero siempre fue mi luz, y
yo su compañera.
Ella hizo por mí más
que nadie. Su luz me daba brillo, visión y calor. Y por eso mi deuda es más que
eterna y no creo que basten los días de mi vida para compensárselo. Siempre que
la necesitaba estaba allí, dispuesta a darme su luz, su calor y su compañía.
Por eso y por más,
siempre he sentido la necesidad de devolverle tanto afecto. Quizá por no
encontrar una situación demasiado obvia no he podido devolverle tanto, y me he
tenido que conformar con entregarle poco a poco, demasiado poco, mi amor por
ella. Pero tan poco y tan poco a poco que no tengo la sensación de haber
ayudado en absoluto.
Quizá siga siendo así
eternamente, pero quiero, necesito, que ella sepa que estaré ahí siempre, que
puede ser egoísta y utilizarme un poco de vez en cuando, que me da igual
quemarme y hacerme daño con su luz, porque ella me salvó cuando estaba perdida
en la oscuridad.
viernes, 23 de noviembre de 2012
Si desaparezco...
Si un día desaparezco sin más… ¿Se darían cuenta de mi falta?
Si desaparezco… ¿Alguien me echaría de menos?
Si desaparezco… ¿Cuánto tardaría en ser olvidada?
Si desaparezco… Nada cambiará en la vida de los demás.
Entonces… ¿Por qué no desaparezco de una mísera vez?
...
Porque no tengo valor para ello.
domingo, 11 de noviembre de 2012
La dama sin palabras
Este es un pequeño relato en forma de leyenda que escribí hace un tiempo ya. Espero que os guste.
La dama sin palabras
Puerto bahía es un lugar tan tranquilo que hasta la
aparición de un viajero es toda una novedad.
Era una tarde corriente como cualquiera. Las gaviotas
gritaban reclamando algo de comer. Las mujeres de la aldea arreglaban las redes
rotas para los marineros que estaban en el mar. Las olas traían el perfume
marino hasta la costa, cantando con su suave voz al romper en la orilla. El
viejo George se quejaba de nuevo de que no le permitían salir a faenar. A sus
ochenta años todavía se creía joven, y quizá lo fuese de espíritu.
Las puertas del pueblo siempre estaban abiertas, pero
nunca nadie esperaba que alguien entrase por ellas. Aunque ese día fue
distinto.
El sol brillaba en lo alto. Durante un instante, las
gaviotas acallaron su jaleo y las olas de mar parecieron silenciarse. Las
puertas no crujieron, ni tampoco lo hizo la arena bajo la presión de sus pies.
Ella era, de por sí, toda una novedad. Su aspecto era
totalmente opuesto al de cualquier aldeano. Se trataba de una joven de aspecto
frágil y más hermosa de lo que nadie podría imaginar. Su tez era de un blanco
níveo, más puro que las nubes. Tenía los ojos de un verde hierba intenso,
inundados del brillo de las estrellas, tintineantes. El cabello era,
literalmente, hilos de oro. Cada uno parecía centellear con luz propia, más
finos que el hilo más delicado de todo el puerto. Los labios eran de un rosado
intenso, ligeramente húmedos y trémulamente juntos. Sus pestañas alcanzaban el
infinito. Su piel era suave y cuidada, ya perceptible a simple vista. Llevaba
puesto un sencillo vestido de seda, un velo casi transparente tapándole la
melena, unos zapatitos de tela y un colgante de plata.
No pasó desapercibida para nadie. La joven dama alzó la
vista hacia el terraplén que se extendía sobre la aldea, observando con ojos
fríos el acantilado y el antiguo roble de hojas azules que allí se alzaba. Su
mirada se tornó tristes de repente, melancólica.
La extranjera no pronunció palabra ante las preguntas de
los aldeanos. En realidad, no dijo nada de nada. Sin pronunciar ni un solo
sonido, logró que la dejasen quedarse en una de las casetas desocupadas del
puerto y consiguió que la aceptasen entre las reparadoras de redes.
El tiempo no hizo que perdiera su aspecto frágil. El
trabajo, el sol abrasador y la brisa salada no curtieron su delicada piel.
Aprendió a manejarse en sus labores, siendo de lo más meticulosa en su trabajo.
Sus redes empezaron a ser muy demandadas por lo bien hechas que estaban y lo
resistentes que eran. No tardó mucho en ser criticada por el resto de reparadoras,
pero nadie podía decir nada malo de ella sin mentir. Era introvertida y vivía
con la mayor simpleza posible. Y lo más importante, jamás pronunció ni una
palabra.
No puedo estar seguro del tiempo que pasó antes de
aquella noche. Aquellos días pasaron como un sueño. Pero recuerdo bien esa
puesta de sol. La dama silenciosa se había acercado hasta la playa del puerto,
dejando su trabajo, para ver con ojos empapados en lágrimas el sol esconderse
en el horizonte. No articuló sonido, ni siquiera dejó escapar un gemido, tan
solo dejó que sus lágrimas discurriesen como finas cascadas por sus pálidas
mejillas hasta que el sol se escondió del todo por la fina línea del mar.
Entonces se secó la cara con un pañuelo tan blanco como el vestido impoluto que
llevaba y se giró de camino a la ladera del roble de las hojas azules.
Nadie se enteró de la historia hasta bastante tiempo
después, y se convirtió en una leyenda en Puerto bahía que se transmitió de generación en generación.
La dama sin nombre esperó a que oscureciese ante el roble
azul, mirándolo con un dolor insoportable en los ojos. La luna llena lo
iluminaba todo, tintineante sobre la hierba, la arena, el mar, la joven y las
hojas del árbol. Justo a medianoche se alzó sobre el cielo en todo su apogeo,
más luminosa de lo que lo había estado jamás. De ella salió una cascada de luz
vertical que bañó al árbol, haciéndolo brillar con una luz casi fantasmal.
La figura del árbol se desdibujó lentamente, apareciendo
en su lugar un joven vestido de azul y blanco de cabeza a los pies. Era moreno
tanto de piel como de cabello, y sus ojos eran del mismo color que las hojas
del roble que había desaparecido en la luz.
Los ojos de la dama se envidriaron de nuevo, pero esta
vez no llegaron a desbordarse. Ella dio un paso al frente, acercándose con suma
delicadeza. Los brazos de él se abrieron para dar paso al cálido abrazo de la
joven. Los labios de la chica se despegaron por primera vez para formular una
última frase con un tono de voz tan dulce como una cascada de miel.
-Te he estado buscando durante siglos, y ahora que te he
encontrado permaneceremos juntos por siempre, mi amor.
El abrazo fue efímero y eterno a la vez. La luz lunar
desdibujó sus figuras unidas mientras se apagaba hasta recuperar una
luminosidad normal. Ambos desaparecieron. En su lugar reapareció el árbol de
hojas azules, esta vez rodeado de una enredadera trepadora de hojas tan verdes
e intensas como el color de ojos de la dama sin nombre y sin palabras.
Los habitantes del pueblo todavía hoy cuidan con total
amor y cariño el roble azul y la enredadera esmeralda. Son muchos los
extranjeros que a menudo se acercan a contemplar aquella maravilla natural, y
todos los que se aproximan sienten la dulzura y el amor que desprenden ambos.
Cada tarde antes de la luna llena los vecinos llevan conchas y flores a los
pies del árbol como un detalle de veneración.
Algunos dicen que cuando la luna
llena brilla en todo su apogeo se puede prácticamente ver la figura de los dos
amantes abrazados después de tanto tiempo separados.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)








